Marce y Corey: ¡cuando todo conjuga por la fuerza del amor!

A menudo considero con un sentimiento de sorpresa lo que solemos llamar eventualidades: miradas que se encuentran, circunstancias que se enlazan inesperadamente, momentos que parecían destinados a coincidir en un tiempo y un lugar para que personas específicas no se separen nunca, como si un hilo los dirigiera hacia la fortuna del encuentro.

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Así me resultó la historia de Marce y Corey. Que sus vocaciones hayan coincidido fue el primer paso, que sus gustos laborales se hayan encontrado en La Embajada de Estados Unidos, donde trabajaban cuando se conocieron, fue la primera sincronía que se dio en sus historias. Aunque se conocían como compañeros, no habían hablado nunca. Fue necesaria una amiga en común para que el 7 de mayo de 2012 (así de precisa es la memoria con las cosas importantes), durante el cumpleaños de esa compañera, se hablaran por primera vez.

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Cuando sabemos lo que queremos no hay nada que nos detenga. Nos sucede con muchas cosas: basta con ver algo para saber que es ese objetivo, precisamente, el que queremos alcanzar. Así parece haber sucedido con Corey, no dejó que pasara mucho tiempo: el 8 de diciembre del año en que se conocieron, le dijo a Marce que se encontraran con unos amigos en un restaurante varias veces catalogado como el mejor de la ciudad: Astrid & Gastón.

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Los amigos nunca llegaron, así que ellos cenaron. Un delicioso plato de comida fusión peruana sería el preámbulo al momento que Marce no sospechaba: de repente un mesero destapó para ellos una botella de un exquisito champagne, Corey sacó un papel en el que había escrito algunas palabras que leyó para ella. Concluyó pidiéndole que ‘le hiciera el honor de ser su esposa’. Ella, por supuesto, accedió.

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Para quién vive en Colombia es sabido que mayo está ubicado en la temporada de lluvias y la novia quería que la boda tuviera un toque vintage, que requiere como elemento esencial lo campestre. Investigando acerca de lo que podría hacer al respecto, se encontró con esta información: si le llevas una docena de huevos a las hermanas Clarisas, ellas oran por ti para que no llueva el día de tu boda. Y ese 4 de mayo, al contrario de lo que pasó el 3 y el 5, no llovió: el amor colaboraba desde el cielo, todo ponía de su parte.

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La boda y la ceremonia fueron campestres. Los hermosos jardines y los amplios salones de la Hacienda Casa Torano envolvieron todo el ambiente de la celebración. La decoración, a cargo de la casa que los recibía, tenía el tinte soñado por la novia: vintage y moderna, de rosa y blanco predominantemente. En el jardín, con ganchos de ropa en cuerdas, colgaban hojas con los nombres de los invitados y los números de las mesas.

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Corey debió asombrarse al ver venir con su ramo de rosa y blanco, a la hermosa Marce. Maquillada por Alejandro Romero lucía como si completara la decoración, como si sin su presencia no estuviera completa. Lo evidencian las fotos de Diana Hernández que saben capturar con destreza los pasos del amor entre jardines. En medio del ambiente natural, se entregaron las argollas traídas de Indianápolis, de Jared The Galleria of Jewelry. Luego de la hermosa ceremonia, vendría el banquete.

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Al sentarte, encontrabas en la mesa un arreglo de rosas y de velas. Allí mismo, el recordatorio, sencillo pero explícito: un paquete de m&m’s con fotos de los novios, sus nombres y la fecha en que se celebró el matrimonio. Sabor y Arte serían los encargados de darle el sabor al momento de la mesa, su cocina gourmet sería el deleite de los invitados: canapes, bebidas y cena, interpretarían con sobrada calidad el gusto de los novios.

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Los esposos introducirían la fiesta: se declararían ese amor que está dispuesto a entregarlo todo por el otro bailando por primera vez como esposos Volví a nacer de Carlos Vives: ‘Quiero casarme contigo, quedarme a tu lado, ser el bendecido por tu amor. Quiero dejar mi pasado, que vengas conmigo, morirme en tus brazos dulce amor…’

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No se borrará de la memoria de Marce. Ese día todo encajó: hasta el valor hizo acuerdo con la voluntad de Corey que, en algún momento de la noche, decidió cantarle Día tras día de Andrés Cepeda. Y es que el amor busca realizarse, porque para eso existimos: para amar y ser amados. Y eso no merece menos que una celebración para la que el mismo amor se dispone: a las 12 de la noche, apenas la fiesta terminaba, la lluvia volvió a caer. Tal vez por eso es que Marce no encontró otras palabras para concluir su relato: ¡fuimos más que bendecidos!

Fotografía: Diana Hernández Fotografía | Restaurante en que Corey pidió la mano: Astrid & Gastón Restaurante | La ceremonia y el banquete se celebraron en: Hacienda Casa Torano | Maquillaje y peinado de la novia: Alejandro Romero | Argollas: Jared The Galleria of Jewelry | Catering: Sabor y Arte. 

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