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La boda de Marci y Juli: ¡Un amor de blanco!

Nunca vemos la luz pero sabemos que existe. Todo lo que podemos percibir usando nuestros ojos es un fruto de la interacción con la luz que, realmente, lo inunda todo. ¿No nos pasa lo mismo con el amor? Algunos, desilusionados, se empecinan en decir que el amor no existe, porque no lo han visto o porque no lo conocen. Pero cuando el amor, que ronda silenciosamente por todos nuestros ambientes, hace lo mismo que la luz: nos descubre toda la belleza que tenemos alrededor; lo único que pueden (podemos) hacer es caer rendidos ante la evidencia y ante el amor mismo. Eso le sucedió a Marcia Santamaría y a Julián Muñoz.

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Foto: Ana Vallejo Fotografía
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La historia comienza en la empresa. Julián es del área comercial, trabaja como consultor de inversiones, Marcia es del departamento de recursos humanos. Un amigo los presento, empezaron a conversar y luego de unos meses, Juli (que así lo llama Marcia), la invitó a salir ‘y nos enamoramos’, cuenta Marci (así la llama Julián). Y es que el amor es así en ocasiones, como la luz del amanecer, que crece hasta que lo ilumina todo.

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La siguiente escena se desarrolla en El Viejo Continente. Las islas de Santorini están vestidas de casitas blancas con techos coloridos y fueron el escenario para uno de los momentos más importantes de esta historia. Juli invitó a Marci a cenar en Strogili, un restaurante que además de ofrecer platos exquisitos de comida mediterránea, presenta una vista que resulta un deleite; el mar y las casas cuevas elaboradas para los mercaderes venecianos. Allí, entre un firmamento azulado, la brisa marina, un sol que caía, el sonido de las olas y la paz de las montañas, tras volver ‘del baño’ con una rosa que tenía un anillo amarrado, Juli le pidió la mano a Marci. Lo hizo dos días antes de volver a Colombia y luego de un viaje que duró un mes, como lo había prometido: que cuando le pidiera la mano, sería en Europa.

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Algunos definen el blanco utilizando el término ‘acromático’ y no deja de resultar un hecho atractivo cuando sabemos que de la luz blanca descompuesta por refracción es que vienen todos los colores. Así, como si todos los colores vinieran de ella, se vería Marci: sutilmente maquillada, portaba un velo que caía de una peineta junto con su cabello suelto, trabajo magnífico de Óscar Serna, que complementaba maravillosamente su vestido, diseño de Gloria Espinosa; de escote en V y corte que permitía apreciar la esbelta figura de la novia, sobre unos zapatos Mussi, de color champaña.

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Julián, la acompañaría en un elegante diseño de color blanco y unos zapatos tabaco de Doménico. El lente de Ana Vallejo, que Marci al ver las fotos consideraría el mejor regalo de bodas, registra a la perfección la belleza que tuvo la ceremonia celebrada en los jardines de la Hacienda Casa Torano. La combinación de la naturaleza con el blanco que hasta el sacerdote llevaba en sus vestiduras (señal de fiesta en la iglesia católica), sería el tono de la celebración.

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Luego de unos emotivos votos matrimoniales redactados por cada uno de los novios y de ponerse las argollas con el nombre del otro y la fecha de la boda, pasarían a disfrutar de la celebración en la misma locación. Esta prestigiosa Hacienda se haría cargo de dos elementos importantísimos para la boda: el catering y la decoración.

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La decoración se ajustaba al ramo de hortensias de la novia, hecho por su suegra, las flores fueron hortensias, rosas pequeñas, gypso, claveles, chirosas y todas en color blanco. Usamos también follaje verde’blancos eran los centros de mesa, los manteles y las velas; obra de la casa que los acogía. Los novios elaborarían los marca-puestos que tenían una pequeña planta, el menú y una nota de agradecimiento para los invitados.

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Los novios entrarían al lugar de la ceremonia mientras sonaba el que sería el leitmotiv durante su estadía en Europa: ‘Nuestra canción’ de Monsieur Periné. Ellos improvisaron dedicándose la canción y saludando a los invitados. Luego harían una coreografía sobre ‘A Thousand Years’ de Cristina Perri y luego empezaría una fiesta animada por el DJ de Mundo Musical, la empresa que además proveyó el saxofón para el coctel, y el dúo de violín y teclado para la ceremonia.

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La hora loca estaría llena de colores neón: además de los anillos, gafas y collares, los novios mandarían a hacer gorras de esta tonalidad para todos los invitados, cada una con una frase diferente. La ambientación musical correría por cuenta del grupo de Richi López, al ritmo de sus temas de regaetton y champeta, los invitados pasarían un momento inolvidable. Partirían del lugar con ese recuerdo, una minibotella de licor y una vela con aroma de vainilla.

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El origen de la palabra blanco tiene que ver con algo resplandeciente o que brilla. Así, refulgente, muchos días después de su boda, es como luce este amor al recordar su historia y al ver sus fotografías. Resultó ser, pues, un inicio maravilloso sobre el cuál podrán sustentar los muchos días juntos que vienen por delante, cuando vuelvan a ver estas hermosas fotos, recordarán que la vida puede ser como ese mismo día, según la descripción de Marci: ‘justo como lo soñamos’.

Maquillaje y peinado de la novia: Óscar Serna | Vestido de la novia: Gloria Espinosa | Zapatos de la novia: Mussi | Zapatos del novio: Doménico | Fotografía: Ana Vallejo Fotografía | Locación, Catering y Decoración: Hacienda Casa Torano | Musicalización: Mundo Musical | Grupo de regaetton para la hora loca: Richi López |

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